SOCIOS EN LAS PÉRDIDAS, GERENTES EN LAS GANANCIAS (PARTE 1)

 Interrogantes éticos que se presentan en situaciones de crisis o de éxito, cuando un dueño ejerce la dirección de una o varias gerencias.

Un empresario necesita ayuda para conducir y desarrollar su actividad.  Una de las primeras decisiones  que debe afrontar es qué tipo de relación desea establecer con los “ayudantes”.  Y he aquí una distinción importantísima: si su intención es compartir el riesgo empresarial con éstos, entonces dichos ayudantes se convertirán en sus socios; mientras que si desea eximirlos o aislarlos de dicha responsabilidad, sus ayudantes entonces serán llamados empleados, contrato laboral de por medio.

En una organización empresarial, se entiende comúnmente que los accionistas son los “dueños” de la firma, pero en realidad éstos tienen control sobre el establecimiento de objetivos o la operación día a día solamentecuando ellos mismos ocupan cargos directivos sobre la gestión.

Esta dualidad de roles es muy común en empresas de todo tamaño, y puede presentar, en circunstancias especiales, ciertas incongruencias que parecerían hacer incompatible la realidad de ambos cargos y las responsabilidades que conllevan.

Socios en las pérdidas…

Cuando un dueño ejerce la dirección de una o varias gerencias esta fundiendo en una sola persona diversos roles muchas veces contradictorios. Debe lidiar con la responsabilidad de conducir a largo plazo logrando resultados en el corto. Debe cumplir la meta de hacer realidad la visión que dio origen al emprendimiento empresarial y a la vez ser hábil para atender las presiones conflictivas de los clientes.

¿Son conceptualmente incompatibles ambas posiciones?  ¿Es factible reconciliar la ética de trabajar como empleado con la de dirigir una compañía?

Desde el punto de vista de la ética, existen teorías que se pueden tener en cuenta. La teoría de los grupos de interés sostiene que, ante una situación de conflicto, el objetivo es maximizar la función de utilidad neta de los interesados, es decir, beneficios menos daños, tratando de determinar a su vez si dicha función varía en el corto o largo plazo.

La función de utilidad neta del empleado es obtener el mejor salario por su trabajo en una empresa que sea razonablemente perdurable en el tiempo, brindándole cierto grado de realización personal en el desempeño de sus tareas.

Por otro lado, la función de utilidad neta del dueño es obtener los mayores beneficios anuales, para lo cual debe minimizar los costos de la operación a niveles razonables, entre los que se encuentran los salarios de sus empleados.

En una situación como la planteada anteriormente cuando el dueño asume funciones gerenciales, las funciones de utilidad de ambos roles tienen componentes de signo opuesto, ya que como empleado desearía percibir a fin de mes el salario más alto, mientras que como dueño espera maximizar los beneficios anuales. 

Analicemos la función de utilidad en un momento en el cual la empresa tiene resultado negativo, es decir, cuando da pérdida.  Desde el punto de vista del empleado, la función de utilidad neta se ve afectada por la continuidad de la empresa en el tiempo, pero espera cobrar su salario sin que haya cambios en las tareas realizadas.

Desde el punto de vista del dueño, la cuestión es bastante diferente porque para que la empresa pase del rojo al negro, una opción es reducir los salarios del personal.  De esta manera el dueño vuelve a maximizar su función de utilidad neta, minimizando los costos de operación sin haber reducido sus propios beneficios de largo plazo.

Los empleados se han transformado así en socios forzados en las pérdidas de la empresa, siendo solidarios con la situación por la que pasa la compañía.

Otra teoría ética es el consecuencialismo se la conoce más comúnmente por la expresión “el fin justifica los medios”. Bajo esta óptica se podría decir que la decisión de reducir los sueldos del personal es una medida que contribuye al bien general de manera racional, ya que de esta forma se preservan las fuentes de trabajo en lugar de dejar a todo el mundo cesante.  Esta acción, si bien no lleva al mejor resultado general, puede ser considerada como suficientemente buena ya que se maximizan los beneficios minimizando los daños, haciendo que el balance neto dé a favor de las buenas consecuencias por sobre las malas.

En cambio, por el lado de la ética de la virtud el accionar parece no estar tan claro.  Si bien el fin de esta acción es la felicidad de la sociedad, es muy difícil pensar que la reducción de salarios traiga felicidad a alguien, o que convierta en virtuoso al dueño que toma esta decisión.

En una instancia extrema, el dueño podría decidir reducir la nómina, no por el lado del monto de la masa salarial, sino por la cantidad de gente que la conforma. Es decir, hacer uso de los despidos como medio para maximizar su propia función de utilidad neta.

En este caso el dueño no podría despedirse a sí mismo como empleado de la compañía, aunque un equivalente sería alejarse de su cargo de gerente y por ende, no percibir dicho salario.  Pero ¿y qué pasaría con los empleados despedidos?  ¿Y los que se quedan?

Para los despedidos claramente la función de utilidad neta es muy negativa, además de tener consecuencias sociales y psicológicas devastadoras.

Para los que se quedan con sus salarios intactos a priori se podría pensar que se encuentran en la situación ideal, pero al analizarlo en detalle se puede ver que si bien lo económico no se modifica, su continuidad laboral en la compañía y la satisfacción en el trabajo comenzarían a arrojar tendencias muy negativas que pueden contrarrestar la parte “intacta” de la ecuación en el corto plazo.

En este caso, ¿qué responsabilidad le cabe al dueño que opta por convertir en socios forzados a todos los empleados de su empresa en lugar de despedir personal en una situación de supervivencia de la compañía?  Convertir a los empleados en socios forzados inicialmente puede parecer bastante desagradable porque, más allá de producirse una violación abierta del contrato que define la relación de dependencia acordada entre las partes en cuanto al precio percibido por el trabajo, el empleado es un mero espectador y no puede ejercer su libertad de elegir ni participar en la decisión de “asociarse en las pérdidas”. 

Sin embargo, parece que el impacto de esta decisión es preferible a la penosa situación que conlleva el despido del personal, el cual afecta dramáticamente tanto a despedidos como a quienes continúan en sus puestos, sin saber cuándo será su turno.

Esta historia continuará…

En el próximo artículo, analizaremos qué sucede cuando las empresas atraviesan buenas rachas. Veremos si las mismas camisetas que esos socios forzados utilizaron en épocas de crisis, les repercuten en sus ganancias como empleados en épocas de vacas gordas.

Estratega puede colaborar con su organización…

Esta clase de dilemas son bastante frecuentes en muchas empresas e instituciones de toda índole, y nuestra colaboración se podría explorar a través de los siguientes servicios de nuestro catálogo:

 

Acerca del autor de este artículo

Sergio O. Sperat

Sergio Sperat tiene más de 20 años de experiencia en la dirección, organización y desarrollo de divisiones de consultoría y servicios de asesoramiento en organizaciones en Argentina, Perú, Colombia, Chile, México y Estados Unidos.

Se recibió de Licenciado en Análisis de Sistemas en la Facultad de Ingeniería de la UBA (Argentina). Tiene estudios de postgrado en IAE Business School, obtuvo su MBA con Distinción Especial del Instituto Universitario IDEA (Argentina), el MBA IEP de London Business School (Reino Unido), y programas de desarrollo en el MIT (Estados Unidos).

Fue premiado por su desarrollo de negocios presentado en la Competencia Europea de Planes de Negocio del año 2001.

Es consultor certificado en CobiT y CGEIT, emitido por ISACA.  Sergio es Blue Ocean Strategy Practitioner, otorgado por el Blue Ocean Strategy Initiative Center, de Londres (Reino Unido).

Actualmente es responsable de la cátedra de Gestión de Servicios y Calidad en la Maestría en Dirección Estratégica de TI de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE, Argentina).  Además, ha sido docente adjunto de Dirección Estratégica en el Programa MBA en IDEA y profesor invitado de la carrera de Ingeniería Informática y la Maestría en Tecnología Informática y de Comunicaciones de la UADE (Argentina).

sergio.sperat@estratega.org